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Cuentos

Pamplona / Iruña (#767). 24/12/2008. Foto: Daniel Fernandez.

Maridomingi y Olentzero

Ese invierno nevó mucho. La nieve parecía la nata de los pasteles. Daban ganas de comérsela. La nieve lo cubría todo y resultaba tan bonito que parecía que no hacía frío.

Y donde no hacía frío era en ese lugar tan escondido del bosque donde el carbonero fabrica su carbón. Las ardillas y los ciervos acuden al calor de la carbonera para calentarse mientras se quema la madera que luego será carbón, y que servirá para cocinar en navidades

Maridomingi, que así se llamaba la mujer del carbonero, aguardaba con una gran sonrisa a que su marido volviera del bosque. La casita donde habitaban los carboneros era muy humilde pero no faltaban nunca preciosas flores en la ventana. Maridomingi las cuidaba con esmero para que así, su casa, rebosase de alegría.

Con el carbón no se ganaba demasiado, y en la casa tan sólo podían permitirse una vaca.

-¿Qué haremos cuando llegue la primavera? -pensó Maridomingui, ¿Cómo trabajaremos la tierra?

Su marido le advirtió que tendría que ir al mercado, -Allí cambiaremos la vaca por un caballo y así nos ayudará para arar la tierra en primavera.

-Y además también te ayudará a traer el carbón del bosque, dijo entusiasmada Maridomingui.

Así fue como el carbonero enfiló el camino del pueblo hacia el mercado para intentar hacer el trueque que su mujer le había sugerido. El sol empezaba a salir entre la montañas, y la nieve reflejaba sus rayos como un diamante logrando el día más luminoso del año.

Silba que te silba hasta la vaca se aprendió la canción del carbonero, que dice así:

“En invierno cojo la leña y con el hacha la hago pequeña

Con fuego, con esmero y el truco del carbonero

Consigo carbón el primero, la la la”

Entre estrofa y estrofa se encontró con otro caminante que iba acompañado de una espectacular cabra. Era la cabra más bonita que había visto nunca.

-¡Qué cabra más bonita!, comentó el carbonero al caminante.

-Pues si le gusta, dijo el caminante, se la cambio por su vaca.

Y así fue cómo sin darse cuenta caminaba silbando la canción del carbonero hacia el pueblo, cogiendo de la soga, esta vez, una cabra.

Bajando por la senda vio a un hombre con un ganso y, sin pensar, se dio cuenta de que iba caminando hacia el pueblo con el ganso cogido de la soga y cada vez que cantaba la canción del carbonero el ganso le interrumpía con su cuá, cuá, cuá.

El carbonero iba feliz admirando lo bonito que era el ganso cuando tropezó con otra persona que se dirigía al mercado con un hermoso gallo. Ya no se acordaba por qué iba al mercado pero ahora el carbonero caminaba con un gallo en sus brazo

El humo de las chimeneas de las primeras casas del pueblo se adivinaba por el horizonte y en los graneros de las afueras una mujer amontonaba estiercol.

Y NO OS LO CREERÉIS.

Cambió el gallo por un saco de estiércol.

Esta vez sí que la había hecho buena nuestro carbonero.

Entraba ya en el pueblo y en sus manos llevaba simplemente un saco de estiércol. Ni la vaca, ni el ganso, ni el gallo, un saco de caca de vaca…

Entonces le dio vergüenza llegar a casa con eso y pensó que en el mercado quizás alguien lo cambiara por un caballo, pero no tenía muchas esperanzas.

Se sentó en un banco triste y abatido junto a una anciana. A ella le contó como Maridomingi le había mandado con la vaca a cambiarla por un caballo y había vuelto con un saco de estiércol.

La abuelita le advirtió que Maridomingui se enfadaría mucho, pero el carbonero le dijo:

-Maridomigi y yo nos queremos mucho y nunca nos enfadamos.

A lo que la anciana le respondió: -No me lo creo, lo que has hecho es muy serio, y te apuesto este cofre de oro a que tu mujer te regaña. Si te regaña los dos tendréis que ser mis sirvientes, tooooda la vida.

Debajo de los harapos de la anciana se escondía en realidad Maricastaña la bruja de los bosques a la que le encanta jugar, sobre todo en Navidad. El carbonero aceptó la apuesta.

Al llegar al hogar Maridomingui estaba regando sus plantas y escuchó atentamente como había cambiado su marido la vaca por una cabra. -¡Qué bien!, le respondió, haremos quesos con su leche, qué ricos.

Después el carbonero le puso al día de la historia del ganso.

-Ideal, dijo de nuevo risueña su mujer, así haremos almohadas con sus plumas para poder descansar bien, que es lo más importante.

-Ya, ya, sollozó el carbonero mirando al suelo, -Pero es que luego, lo cambie por un gallo.

-¡Qué idea más buena tuviste! Así nos despertaremos siempre pronto por la mañana con el canto del gallo, dijo entre gritos de alborozo Maridomingui.

El carbonero ya no sabia a donde mirar cuando le contó el ultimo cambio que había hecho y le enseño el saco de estiércol. Pero Maridomingui demostró lo buena que era al dar a dar saltos de alegría.

-Las flores, las flores. Estarán preciosas cuando las

abonemos con estiércol. Se lanzó sobre el carbonero y le dio un gran beso.

Maricastaña que volaba con su escoba por encima de la casa gritó de rabia porque había perdido su apuesta, dejó el cofre de oro en la puerta y salió volando.

Y con el oro…

Maridomingui y el carbonero compraron una vaca, una cabra, un caballo, un ganso y un gallo y con todo lo que les sobró esa navidades el carbonero repartió regalos a todos los niños del pueblo y así sigue todavía, aunque muchos lo conocen como Olentzero.

Cada nochebuena Olentzero, reparte sus regalos en el pueblo y en la ciudad cantando su canción...

martes, 17 de febrero de 2009

En la categoría Cuentos

 
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