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GLOBALIZACIÓN O AMERICANIZACIÓN

Quizás la humanidad ha llegado al punto de crear un sistema económico y político que resulte de una cultura de todas las culturas

Se habla bastante de un mundo globalizado en el que una cultura ubicua disputa el terreno a las diversas culturas particulares que existen en el mundo, llevando la contienda a los propios hogares. Adelanto que hay otra tesis que también se puede mantener, la de que esa supuesta cultura global, si no plenamente al menos en buena medida, es simplemente la cultura americana que se proyecta hasta casi todos los rincones del planeta

Me explico. En el ámbito económico la realidad es clara. Es manifiesto el predominio de la economía americana fuera de Estados Unidos. Las gigantescas empresas multinacionales—Microsoft e Intel, Google y Cisco, Exxon y Chevron; McDonald’s, Coca Cola y Starbucks (los mayores vendedores en el planeta de comida y bebida), y ello sin mencionar a Walmart (la empresa más grande de todas, con ingresos que superan al producto interior bruto de varios países), influyen decisivamente en la configuración de la vida cosmopolita de nuestra contemporaneidad. Es el consumo de Estados Unidos el que influye más en las bolsas mundiales, y por ello incide directamente en el bienestar tanto de los inversores de cualquier país como de sus pensionistas. Hay muchas bolsas en el mundo, pero todas ellas directamente influidas por los índices de la de Nueva York. ¿Existe alguna duda sobre cuál es la nación que pinta más en la IMF o en el Banco Mundial? La piedra angular de la hegemonía económica americana es el papel del dólar como moneda universal, el medio que utiliza abrumadoramente el comercio internacional.

Si pasamos al ámbito del poder político/militar basta decir que el presupuesto militar americano es mayor que el de todos los demás países juntos. Lo cual supone que es Estados Unidos la única nación que presume (para bien o para mal) de mantener una política internacional independiente—ya se trate de las invasiones de sus supuestos adversarios o de los debates en la ONU. Siempre predominan los Estados Unidos cuando entran en alianzas o crean supuestas “coaliciones”. No hay más que preguntarlo a los dirigentes de Kabul, Bagdad o Pakistán. ¿Cabe también alguna duda sobre quién impone su voluntad en la OTAN? Si es evidente la influencia ejercida por este enorme complejo militar (Estados Unidos mantiene bases y tropas en no menos de ochenta países), también son casi incalculables las consecuencias que se derivan de su mantenimiento. Internet ha sido una creación del Pentágono como lo son un sin fin de inventos micro electrónicos. En resumen, que mucho de lo que consideramos normal e inherente a nuestra vida cotidiana es un puro producto del complejo militar-industrial americano.

La americanización es igualmente incuestionable en el campo de la cultura. Nos vestimos con Levis´s, escuchamos música popular americana, la programación en la televisión de cualquier país incluye bastante producción americana traducida, Hollywood predomina en el mundo del cine. O sea, en el consumo del ocio predomina lo americano sobre las aportaciones o expresiones de cualquier otra cultura. Tanto es así que por el momento se acepta como algo normal, con la excepción de Francia, donde algunos lamentan -y resisten- la influencia anglo-americana, sobre todo en la defensa de la pureza de la lengua francesa. Pero la misma existencia de tal campaña de resistencia pone en evidencia la influencia del inglés en el mundo contemporáneo. También habría que tomar en consideración la enorme influencia del sistema universitario americano que ha educado a cientos de miles, sino millones, de profesionales que han vuelto a sus propios países de origen donde ejercen poder e influencia.

Total, si es cierto que solo algunos llevamos pasaporte americano, también lo es que, en cierta o buena medida, todos estamos, diría yo, americanizados, más que globalizados. Incluso me atrevo a sostener que el hecho no representa una gran novedad en la historia humana, porque en el fondo se trata de distintas encarnaciones del mismo fenómeno, el del imperialismo. Entre otros muchos, Egipto, Roma, Persia, y, por supuesto, España tuvieron sus imperios que, si no fueron planetarios, no dejaron de ser impresionantes. Durante la vigencia de cada uno de ellos, una economía, una política y una cultura, las hegemónicas, se situaron por encima de las demás. Viniendo al caso español, dos siglos después de la pérdida del imperio, los residentes en Lima, Buenos Aires y otros muchos miles más en diversos lugares del planeta siguen viviendo las consecuencias de ello. La ironía es que, de hecho, los restos de aquella cultura imperial preponderan todavía en la configuración de su propia cultura local (hispánica) supuestamente amenazada por la globalización.

Noto en mis conciudadanos americanos cierta arrogancia, la creencia en su superioridad. No se dan cuenta de la buena suerte que tuvieron al quedar más o menos indemnes o intactos cuando, después de dos guerras mundiales, se arruinaron casi todos los demás países importantes del mundo. Creemos (o hemos creído) en el poder del dólar r y en la importancia de nuestra lengua. En esto en nada nos distinguimos de los ciudadanos de cualquier imperio anterior. Los romanos creían que tocaba a los demás aprender latín; los españoles no se empeñaron en aprender azteca.

Podemos considerar al siglo pasado como la edad del “imperio americano”. Perdurará? Ante la presencia de la crisis, se suscitan dudas. Hace veinte años era imposible imaginar un planeta dominado por la cultura china; hoy día es algo más problemático que impensable. El turista americano todavía viaja a China con la esperanza de poder desenvolverse en inglés; y ningún turista chino viene a Estados Unidos con las mismas expectativas respecto al uso de su propia lengua. Pero ¿quién sabe a dónde va a parar esto? Cuestión distinta sería la posibilidad de un planeta realmente globalizado (y no simplemente configurado por una cultura hegemónica). Quizás la humanidad ha llegado al punto de crear un sistema económico y político que resulte de una cultura de todas las culturas. Hasta la fecha todas las iniciativas emprendidas adolecen de defectos—la ONU, el esperanto, un tribunal internacional, etc. Pero existen iniciativas. Así que entra en juego otro “¿quién sabe?” Como dicen los (¿futuros hegemónicos?) chinos: “¡Qué vivan los tiempos interesantes!

Por Willian A. Douglass

Antropólogo

igandea, 2012(e)ko otsailaren 5a

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