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Olentzero 1967. (#929). 1967/12/24

HACER CRECER UNA CULTURA CONTEMPORÁNEA DE LAS VIEJAS RAÍCES

Frente a esa globalización o americanización cultural de la que habla W. Douglas

frente a ese afán uniformizador que se practicó durante largos años oscuros desde el poder, algunos grupos decidieron rescatar para el futuro las viejas costumbres y tradiciones que habían logrado sobrevivir en su tierra y que conformaban su propio patrimonio. Se trataba, como diría el poeta y premio nobel inglés, T. S. Eliot, refiriéndose a la cultura, "Lo que se quiere no es restaurar algo desaparecido, o revivir una cultura que desaparece bajo las condiciones modernas que la vuelven imposible, sino hacer crecer una cultura contemporánea de las viejas raíces".

Esos mismos estados que ahora veían amenazados sus rasgos culturales por un mundo diferente, sentenciaron en su momento al olvido a las diferentes tradiciones que pervivían en su territorio por miedo a que pusieran en peligro a la ideología única que les servía y consolidaba su poder. Unos y otros temieron lo que suponía recobrar del olvido esas viejas raíces. La misma equivocación en la que incurrieron algunos de los que vendrían después, que no quisieron escuchar a veces las sabias palabras de Eliot: "Si desperdiciamos o despreciamos nuestro patrimonio cultural común, no habrá organización o proyecto ideado por las mentes más ingeniosas capaz de ayudarnos o de unirnos.". Porque las tradiciones de un viejo pueblo como éste son de todos y a todos pertenecen por igual.

Hace ya 55 años, en 1956, que el padre Isidro de San Sebastián, animaba a los jóvenes de la Juventud de San Antonio de Pamplona a recuperar para la ciudad al viejo personaje que pervivía con vitalidad en Lesaka y algunos otros pueblos de la montaña navarra. Todavía hubo que esperar un año para que el carbonero recorriera las calles de Pamplona, en el que había de ser su primer encuentro con un centro urbano.

Olentzero llegó a una ciudad que aunque empezaba a superar el racionamiento y la posguerra, estaba todavía marcada por la miseria asfixiante de anhelos e ilusiones que fueron aquellos años de ceniza. Una ciudad, como explicaba Kike Díaz de Ulzurrun, “que había empezado a desparramarse más allá del Casco Viejo y los Ensanches, como consecuencia del tremendo éxodo rural de miles de familias en busca de mejores condiciones de vida. Era otra época, otra sociedad, en la que la mayoría de la ciudadanía pamplonesa vivía en la meseta de la ciudad y que en pocos años acogió magníficamente al carbonero de nuestras montañas “.

Una ciudad que entraba en los años 60 con paradojas como la de que una persona, nacida en un pueblo de la Cuenca, preguntara a los jóvenes que acudían a la cabalgata de Olentzero, “¿qué, os habéis vestido de vascos ?”, para más tarde enseñarles una foto de su abuelo con blusa y txapela.

En esa salida inaugural de 1957, Andoni Santamaría relataría cómo “la gente ese primer año estuvo en el recorrido del Olentzero como en una procesión para ver qué era eso que había sido anunciado en casi todos los periódicos desde hacía algunos días “.

Una ciudad dormida acogió aquellos primeros tiempos a la figura navideña que bajaba del monte. Dominada por los tres grandes medios de comunicación de la época – Arriba España, El Pensamiento Navarro y El Diario de Navarra – su presencia apenas tuvo eco en ellos. Sólo el Diario de Navarra publicaría, escondida entre sus Ecos de Sociedad, la escueta nota con la que la Asociación de San Antonio daba cuenta de la cabalgata inaugural. Habrían de pasar dos años, 1959, para que el resto de los medios se sumaran a la noticia. Era el año triunfal de la visita del presidente americano Eisenhower a Franco y los rotativos se debatían entre la euforia y la magnanimidad. La siguiente comitiva volvería a quedar relegada al olvido.

Aquellas páginas reflejaban una época. Sus huecos hablaban de “cunas y canastillas de la Sección Femenina – con mucho espacio, grandes titulares y fotos -, campeonatos de mus, resultados de la quiniela de futbol, concursos de belenistas, el nacimiento instalado en la casa sindical o el soberbio festival pelotístico pro-cunas”. Grandes letras anunciaban, uno junto al otro, sin transición, noticias tan dispares como “Los periquitos y los canarios pueden trasmitir enfermedades” o la “ Condena católica de la persecución comunista”. Eran los días de “ La Navidad es fiesta del hogar” y “Navidades antes de la venida del Señor, desde la India”.

El euskera no existía, no tenía cabida. Aunque se daba cuenta de la reunión celebrada en Leitza de la Sociedad de Estudios Vascos y el ingreso de Orixe - hombre navarro de Huici – ni la más mínima mención a un idioma que se relegaba al absoluto ostracismo.

Y en este ambiente llegó Olentzero. Una vez más adoptó nuevos ropajes para poder sobrevivir y mantener la esencia. Ninguna mención a las viejas tradiciones, a su origen pagano y precristiano. No era el momento. La cabalgata se anunció como “Tiene el fin principal recoger el aguinaldo de cualquier especie para su reparto a los pobres y necesitados. Pamplona, acuérdate de aquel que no puede celebrar estas fiestas navideñas porque no tiene medios, es hijo del Señor y Éste te lo pide. Alegra tus sentimientos con el anuncio de la venida del Niño Dios y con tu generosidad”.

Cuando en 1959, El Pensamiento Navarro, se decide por fin a incluir el anuncio de la comitiva, lo hará a tres columnas, acompañado de extensos versos en latín y castellano, además de notas al pie de ellos – “Gloria in excelsis Deo/ et in terra pax, hominibus/ Bonae voluntatis. Este debe de ser el centro de nuestra Navidad. Ese y no otro”. – que refuercen ese sentimiento. Al año siguiente, al igual que el Arriba España, ni siquiera publicará el anuncio.

Aunque su figura no hablaba de enfrentamientos y su nombre traía reminiscencias del tiempo de lo bueno, ni entonces ni ahora faltarán las polémicas. Unos y otros colocaron al personaje al servicio de causas que le eran ajenas. Y aunque prevaleció su carácter bullicioso, festivo, las karrikadantza al son del txistu y tamboril, y 57 años después, Olentzero es una realidad asumida de forma natural que continúa paseando orondo y satisfecho por las calles de la vieja Iruña, no faltaron años difíciles, polémicas estériles. Pero eso es otra historia y la dejaremos para otros números.

igandea, 2012(e)ko otsailaren 5a

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