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Orokorrak

Pamplona (#25)

Recordando a algunos euskaltzales navarros

El 23 de octubre de 2007 fallecía en Iruñea Jesus Atxa, primer director de San Fermin Ikastola y promotor de otras muchas ikastolas de nuestra comunidad.

El euskaltzale de Aretxabaleta fue una de las personas clave en la apuesta por llevar el euskera a las aulas, decisión sin la que probablemente la lingua navarrorum estaría hoy condenada a desaparecer.

Jesus Atxa formaba parte de una generación de euskaltzales -como Jose Maria Satrustegi, Diez de Ultzurrun, Cortes Izal, Izeta...- curtida en unos años muy difíciles para avanzar en el objetivo que movió sus vidas: la promoción de la cultura vasca y el euskera. Gente que, lejos de arredrarse ante las dificultades, sorteaban todo tipo de obstáculos embarcándose decididamente en cualquier iniciativa favorable a la lengua.

Poco antes de la muerte de Atxa jauna habíamos tenido noticia de una investigación sociológica realizada por Miquel Gros i Llados, y publicada por Euskaltzaindia, que describe un importante avance del euskera en Navarra entre los años 1986 y 2001, al tiempo que anuncia el mantenimiento de esa tendencia en el futuro. Tras el tremendo retroceso del euskera en Navarra en los dos siglos precedentes, a nadie se le escapa que la inversión en la tendencia se la debemos a gente como Atxa; a aquellos padres y madres que hace cuatro décadas apostaron decididamente por el euskera, poniendo en juego nada menos que la educación de sus hijos; a los primeros docentes de las ikastolas, tan idealistas como los anteriores, cuyo empeño y convicción fueron superiores a las muchas dificultades de un régimen nada favorable a este tipo de iniciativas.

Ahora que las ikastolas navarras son una realidad asentada y su modelo una exitosa referencia, conviene no olvidar a aquella gente. Como señalaba antes, sin su valiente decisión, y la estandarización del idioma llevada a cabo en la misma época por Euskaltzaindia, el euskera sería un idioma sin futuro. Seguramente eso explique que durante años fueran ambas iniciativas, que el tiempo ha demostrado tan fundamentales somo exitosas, la recurrente diana de un ataque que en realidad iba contra el propio idioma.

Los que hace 42 años impulsaron en Iruñea la Ikastola Nuestra Señora de Uxue, germen de las actuales San Fermin y Paz de Ziganda, marcaron así un antes y un después en el camino de la recuperación e impulso de la lengua vasca. Un camino iniciado en Navarra en el último tercio del siglo XIX, época en la que el euskera sufrió un tremendo retroceso que lo eliminó de la zona media, arrinconándolo a los valles montañosos del norte. Ver en riesgo de desaparición la lengua más antigua de Europa, que Navarra tenía el privilegio de mantener viva, hizo que los intelectuales navarros de la época reaccionaran con la lógica de su sensibilidad cultural.

Por ello, el 23 de octubre de 1877 trece ilustres pamploneses, entre ellos Arturo Campión, Ansoleaga, Aranzadi y Olóriz, se reunieron en casa de Iturralde y Suit para crear la Asociación Euskara de Navarra, cuyos objetivos quedaron así definidos: "Euskarazko elkargoaren asmoak dira, gordetzea, galtzera utzi gabe, eta hedatzea ahal daitekeen guztian euskarazko mintzairoa, ongi ezagutzea gure aurrekoek hizkuntza eder honekin erran eta egin dituzten gauza guztiak..." Su propósito era, por tanto, conservar y fomentar el euskera y en eso se empeñaron aquellos intelectuales navarros del siglo XIX.

En 1918 las cuatro diputaciones vascas aunaron esfuerzos para constituir Euskaltzaindia, la Academia de la Lengua Vasca, institución que medio siglo después pondría en Arantzazu las bases del euskera estándar. La creación de esta institución cultural es un ejemplo de lo que ha sido y debería ser normal en territorios que comparten un mismo idioma: la colaboración en su protección y promoción.

Continuando este repaso histórico, y ciñéndonos al ámbito más local, en 1925 se creó en Pamplona Euskararen Adiskideak, una asociación de apoyo al euskera impulsada, entre otros, por José Aguerre, Aingeru Irigarai, Paz de Ziganda y Pablo Archanco. Dicha asociación, cuya trayectoria cortaría en seco la sublevación de 1936, puso en marcha en un piso de la calle Carlos III el primer euskaltegi de la ciudad, dedicado a la enseñanza del idioma a adultos. La experiencia también se llevó a cabo en Lizarra de la mano de su alcalde, Fortunato Aguirre, fusilado al inicio de la guerra civil y en Elizondo, en esta localidad impulsada por Mariano Izeta y otros euskaltzales de Baztan.

En 1957 la Diputación de Navarra creó en la institución Príncipe de Viana una sección de apoyo al idioma -Euskararen aldeko saila- que promovió, entre otras actividades, fiestas, concursos de bertsolaris, clases de euskera en algunas escuelas y premios a los niños navarros que utilizaban la lengua vasca. Iniciativa esta última de gran valor simbólico, al apoyar desde instancias oficiales la fidelidad a un idioma relegado en la escuela y administración, y en acelerado retroceso incluso en algunos valles cuyos habitantes mayores apenas hablaban otra lengua. En la citada sección trabajaron, entre otros, el médico pamplonés Pedro Diez de Ultzurrun y el académico Jose Maria Satrustegi, hasta que el abandono de la Diputación por parte de Miguel Javier Urmeneta les dejó sin protector, al albur de unos tiempos y una clase política nada favorables al tímido renacimiento de la cultura vasca.

Once años después, Euskaltzaindia daría luz verde a la estandarización del euskera, que de esa manera estaba en disposición de incorporarse a ámbitos negados históricamente, como la educación, administración y medios de comunicación. Ámbitos sin los que, por supuesto, ninguna lengua de nuestro entorno puede pervivir. Como señalaba anteriormente, esa década vio nacer en Pamplona el germen de las ikastolas San Fermin y Paz de Ziganda, pioneras de un exitoso modelo educativo asentado actualmente en todas las zonas de Navarra. Y unos años más tarde, a través de una iniciativa a la que no fue ajeno el mundo de las ikastolas, se puso en marcha la enseñanza del euskera a adultos a través del euskaltegi Arturo Campion, el primero después de la guerra civil.

Hasta aquí el recorrido a vuela pluma de algunas iniciativas y nombres que en el último siglo y medio han contribuido a que el euskera sea hoy una lengua de presente y de futuro. Euskaltzales como Jesus Atxa y tantos otros, cuyo tesón, dedicación y amor al idioma y la cultura vascas deben ser el mejor acicate para los que no queremos que el euskera deje de ser lingua navarrorum.

Por Fermin Erbiti

asteazkena, 2007(e)ko abenduaren 19a

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